domingo, 4 de marzo de 2018

Letra 560, 4 de marzo de 2018


LOS HOMBRES DEL MAESTRO (V)
JUAN
Serafín de Ausejo

Pompeo Batoni - San Giovanni Evangelista - 1740-17431. Veinte años tendría escasamente cuando Jesús le llamó, Fue, sin duda, el más joven de los discípulos y menor que el Maestro en una buena docena de años,
Ribereño del lago de Tiberiades, ni su género de vida como pescador, ni aquella fogosidad juvenil que le mereció el título de Boanerges (= “hijo del trueno" ), compartido con su hermano Santiago el Mayor; ni su actividad apostólica en los tiempos heroicos de la primitiva Iglesia palestinense; ni su longevidad casi centenaria, la cual supone una constitución somática vigorosa; ni la intrepidez con que defendió, frente a herejes gnósticos—llamándoles “anticristos”—, la verdadera fe en Jesús Dios-hombre; ni la densidad sublime de su teología y de su mística, basadas, sin embargo, en la realidad histórica: nada de esto autoriza esa figura de jovencito blandengue—casi femenil, si no enfermizo—, tantas veces representada por un arte iconográfico que parece ignorar los datos bíblicos. Si Juan fue “el discípulo a quien amaba Jesús” y el más joven de los apóstoles, fue también el pescador robusto y vigoroso, el mozo equilibrado y sereno que respetuosamente sabe quedarse en segundo lugar cuando acompaña a Pedro; el hombre varonil a quien Jesús confía de por vida su propia Madre como herencia; el teólogo que, sin perder el contacto con la tierra, sabe elevarse a tales cumbres teológicas como ningún otro escritor neotestamentario, ni siquiera San Pablo. Todo ello supone una personalidad riquísima en cualidades humanas y una entrega interna y externa, total y decisiva, al amor y al servicio del Maestro.
Se conocen dos etapas de su vida, separadas por un largo silencio de casi medio siglo. Los detalles de la primera quedaron consignados en los libros sagrados del Nuevo Testamento; los de la segunda, en la más estricta y depurada tradición contemporánea. Entre ambas, la carencia de datos durante ese prolongado silencio.

2. Respecto de la primera etapa sabemos que Juan era de Betsaida, a orillas del lago, patria también de Pedro. Sus padres fueron Zebedeo y Salomé (¿hermana de San José?). Los hijos de este matrimonio, Santiago y Juan, fueron pescadores, como su papadre, pero no de condición precaria, puesto que tenían a su servicio jornaleros, poseían barca propia, pescaban al copo con amplia red barredera, y su madre era una de aquellas piadosas mujeres que con sus bienes sufragaban las necesidades materiales del Maestro,
Juan, su hermano Santiago y su amigo Pedro formaban el grupo predilecto de Jesús, Los tres fueron testigos directos de la resurrección de la hija de Jairo, de la transfiguración de Jesús en el Tabor, de su agonía en Getsemaní.
Jesús tuvo tal predilección por Juan que éste se señalaba a sí mismo como "el discípulo a quien amaba Jesús". En la noche de la cena reclinó su cabeza sobre el costado del Maestro y fue el único discípulo que estuvo al pie de la cruz, a quien Jesús agonizante dejó encomendada su divina Madre.
Su amistad con Pedro fue de siempre. Paisano suyo y compañero de pesca, ellos dos fueron los encargados por Jesús de preparar la última cena pascual. También fue Juan, seguramente, el que introdujo a Pedro en la casa del sumo sacerdote durante la noche de la pasión. Y en la mañana de la resurrección ambos comprueban juntos que el sepulcro está vacío. Juntos aparecen también en la curación del paralítico por Pedro, en la detención y en el juicio sufrido ante el Sanedrín, y en Samaria, adonde van en nombre de los Doce, para invocar allí, sobre los ya creyentes, al Espíritu Santo. Y cuando San Pablo, allá por el año 49, vuelve a Jerusalén al final de su primera expedición misionera, encuentra allí a Pedro y a Juan, a quienes califica de "columnas" de la Iglesia.
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EL CAMINAR DEL DISCÍPULO
DISCIPULADO Y SEGUIMIENTO DE JESÚS

LA LLAMADA AL SEGUIMIENTO (V)
Dietrich Bonhoeffer

Ethics and the Will of God: The Legacy of Dietrich BonhoefferSi no hubiese salido, no habría aprendido a creer. Hay que dejar clara esta situación sobre el mar inseguro, situación absolutamente imposible e irresponsable en el plano ético, a fin de que la fe sea posible. El camino de la fe pasa por la obediencia a la llamada de Jesús. Este paso es necesario; sin él, la llamada de Jesús se pierde en el vacío y toda presunta obediencia se revela como una falsa exaltación. Al establecer la diferencia entre una situación en la que se puede creer y otra en la que no se puede creer, corremos un gran peligro. Debe quedar claro, ante todo, que la situación por sí misma nunca nos revela a cuál de estas dos clases pertenece. Sólo la llamada de Jesús la cualifica como situación en la que se puede creer. En segundo lugar, no corresponde al hombre determinar cuál es la situación en la que es posible la fe. El seguimiento no es una oferta del hombre. Sólo la llamada crea la situación. En tercer lugar, esta situación nunca implica en sí misma un valor propio, sólo la llamada la justifica. Por último, y esto es esencial, la situación en la que se puede creer sólo llega a producirse por medio de la fe. La idea de una situación en la que se puede creer es sólo la descripción de un estado de hecho en el que son válidas las dos frases siguientes, ambas igualmente verdaderas: sólo el creyente es obediente y sólo el obediente cree.
Supone un grave atentado a la fidelidad bíblica tomar la primera frase dejando la segunda. Sólo el creyente es obediente; pensamos que entendemos esto. La obediencia es una consecuencia de la fe, como el buen fruto es producto del buen árbol, decimos. Primero la fe; sólo después viene la obediencia. Si con esto sólo pretendemos probar que la fe sola justifica y no los actos de obediencia, entonces tenemos la condición preliminar necesaria e irrefutable para todo lo restante. Pero si con esto hemos de dar una precisión temporal cualquiera, según la cual primero habría que creer para que, a continuación, intervenga la obediencia, entonces se separaría la fe de la obediencia, y sigue existiendo el problema práctico sobre cuándo debe comenzar la obediencia. La obediencia queda separada de la fe. Es verdad que la obediencia y la fe deben estar separadas a causa de la justificación, pero esta separación no puede suprimir la unidad que existe entre ellas y que consiste en que la fe sólo se da en la obediencia, nunca sin ella, y en que la fe sólo es fe en el acto de obediencia.
Puesto que es inexacto hablar de la obediencia como de una consecuencia de la fe, y con el fin de fijar la atención en la unidad indisoluble de fe y obediencia, conviene contraponer a la frase “sólo el creyente es obediente”, la otra: “sólo el obediente cree”. Si en la primera proposición la fe es presupuesto de la obediencia, en la segunda la obediencia es presupuesto de la fe. Del mismo modo que la obediencia ha sido llamada consecuencia de la fe, hay que llamarla también presupuesto de la fe.
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IRRUPCIÓN RELIGIOSA EN LAS ELECCIONES DE 2018
Canal Once, 5 de marzo
11 pm

La imagen puede contener: 3 personas, personas sonriendo, trajeComo pocas veces en la historia de los procesos electorales, lo religioso se ha hecho presente en los discursos y posicionamientos de los candidatos a la presidencia. Bernardo Barranco, junto con el Mtro. Leopoldo Cervantes-Ortiz, profesor de teología, y el Dr. Roberto Blancarte, profesor de El Colegio de México, analizan por qué la clase política recurre a lo religioso con tanta frecuencia, un fenómeno presente no sólo en México, sino en muchos países latinoamericanos.

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RELIGIÓN Y ELECCIONES 2018: “EL PUNTO DE INFLEXIÓN” DE MORENA Y ENCUENTRO SOCIAL
Protestante Digital, 23 de febrero de 2018

Ésa es la canción que le queremos poner don Andrés Manuel López Obrador, surge de que pensamos que usted es Caleb y que está a punto de conquistar el monte Hebrón, donde gobernó David.
Hugo Éric Flores, presidente del PES

Las palabras con que abre este artículo, dirigidas este martes 20 de febrero al candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, marcan, junto con el resto de lo acontecido en la unción como representante del partido de inspiración evangélica que preside Hugo Éric Flores, para la contienda electoral del próximo 1 de julio, un auténtico punto de inflexión que ha ido más allá de lo imaginado por los observadores y los analistas, pues nunca antes el elemento religioso heterodoxo fue incorporado de esta manera a un proceso electoral. Pocos entre éstos, máxime si no son conocedores del medio cristiano-evangélico, podrían recordar los estudios dedicados al tema de los partidos confesionales cristianos por estudiosos como el ya fallecido José Míguez Bonino o el profesor Jean-Pierre Bastian, y mucho menos referirse a los diversos acercamientos de la llamada “teología política” a la incidencia de lo religioso en este campo tan polémico. El primero, teólogo metodista de amplia trayectoria y gran reconocimiento, desde la vertiente del protestantismo histórico, en un volumen que lleva por título Poder del Evangelio y poder político: la participación de los evangélicos en la vida política en América Latina (1994), en donde cuestiona radicalmente la existencia de este tipo de agrupaciones. El segundo, sociólogo e historiador de la Universidad de Estrasburgo, y con una larga estancia en América Latina, en ensayos sueltos pero muy puntuales al respecto. En uno de ellos, escribe: “Con la multiplicación de actores religiosos en competencia surge la posibilidad de un neo-corporativismo societal donde el intermediario religioso podría transformarse en mandatario.
A la vez, la crisis de legitimidad que experimentan los partidos políticos tradicionales les obliga a entrar en competencia con nuevas organizaciones políticas; por ejemplo, con las partidistas confesionales evangélicas y pentecostales”. Recientemente, ante el triunfo del evangélico Fabricio Alvarado en la primera vuelta de las elecciones en Costa Rica del pasado 4 de febrero, Bastian afirmó, en una comunicación personal: “No me sorprende, ¡ya en mi estudio […] publicado en alemán en 2000, lo había previsto! Confirma el carácter reaccionario de los movimientos religiosos evangélico-pentecostales, en total oposición a lo que fue el protestantismo histórico latinoamericano”.
(LC-O)

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