domingo, 24 de febrero de 2013

Letra 310, 24 de febrero de 2013

ESCUCHAR A JESÚS
José Antonio Pagola

Los cristianos de todos los tiempos se han sentido atraídos por la escena llamada tradicionalmente "La transfiguración del Señor". Sin embargo, a los que pertenecemos a la cultura moderna no se nos hace fácil penetrar en el significado de un relato redactado con imágenes y recursos literarios, propios de una "teofanía" o revelación de Dios.
Sin embargo, el evangelista Lucas ha introducido detalles que nos permiten descubrir con más realismo el mensaje de un episodio que a muchos les resulta hoy extraño e inverosímil. Desde el comienzo nos indica que Jesús sube con sus discípulos más cercanos a lo alto de una montaña sencillamente "para orar", no para contemplar una transfiguración.
Todo sucede durante la oración de Jesús: "mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió". Jesús, recogido profundamente, acoge la presencia de su Padre, y su rostro cambia. Los discípulos perciben algo de su identidad más profunda y escondida. Algo que no pueden captar en la vida ordinaria de cada día.
En la vida de los seguidores de Jesús no faltan momentos de claridad y certeza, de alegría y de luz. Ignoramos lo que sucedió en lo alto de aquella montaña, pero sabemos que en la oración y el silencio es posible vislumbrar, desde la fe, algo de la identidad oculta de Jesús. Esta oración es fuente de un conocimiento que no es posible obtener de los libros.
Lucas dice que los discípulos apenas se enteran de nada, pues "se caían de sueño" y solo "al espabilarse", captaron algo. Pedro solo sabe que allí se está muy bien y que esa experiencia no debería terminar nunca. Lucas dice que "no sabía lo que decía". Por eso, la escena culmina con una voz y un mandato solemne. Los discípulos se ven envueltos en una nube. Se asustan pues todo aquello los sobrepasa. Sin embargo, de aquella nube sale una voz: "Este es mi Hijo, el escogido. Escuchadle". La escucha ha de ser la primera actitud de los discípulos.
Los cristianos de hoy necesitamos urgentemente "interiorizar" nuestra religión si queremos reavivar nuestra fe. No basta oír el Evangelio de manera distraída, rutinaria y gastada, sin deseo alguno de escuchar. No basta tampoco una escucha inteligente preocupada solo de entender.
Necesitamos escuchar a Jesús vivo en lo más íntimo de nuestro ser. Todos, predicadores y pueblo fiel, teólogos y lectores, necesitamos escuchar su Buena Noticia de Dios, no desde fuera sino desde dentro. Dejar que sus palabras desciendan de nuestras cabezas hasta el corazón. Nuestra fe sería más fuerte, más gozosa, más contagiosa.
 
¿Dónde escuchar a Jesús?
Entre todos los métodos posibles de leer la Palabra de Dios se está revalorizando cada vez más en algunos sectores cristianos el método llamado lectio divina, muy apreciado en otros tiempos […]. Consiste en una lectura meditada de la Biblia, orientada directamente a suscitar el encuentro con Dios y la escucha de su Palabra en el fondo del corazón. Esta forma de leer el texto bíblico exige dar diversos pasos.
Lo primero es leer el texto tratando de captar su sentido original, para evitar cualquier interpretación arbitraria o subjetiva. No es legítimo hacerle decir a la Biblia cualquier cosa, tergiversando su sentido real. Hemos de comprender el texto empleando todas las ayudas que tengamos a mano: una buena traducción, las notas de la Biblia, algún comentario sencillo.
La meditación supone un paso más. Ahora se trata de acoger la Palabra de Dios meditándola en el fondo del corazón. Para ello se comienza por repetir despacio las palabras fundamentales del texto, tratando de asimilar su mensaje y hacerlo nuestro. Los antiguos decían que es necesario “masticar” o “rumiar” el texto bíblico para “hacerlo descender de la cabeza al corazón”. Este momento pide recogimiento y silencio interior, fe en Dios, que me habla, apertura dócil a su voz.
El tercer momento es la oración. El lector pasa ahora de una actitud de escucha a una postura de respuesta. Esta oración es necesaria para que se establezca el diálogo entre el creyente y Dios. No hace falta hacer grandes esfuerzos de imaginación ni inventar hermosos discursos. Basta preguntarnos con sinceridad: “Señor, ¿qué me quieres decir a través de este texto?, ¿a qué me llamas en concreto?, ¿qué confianza quieres sembrar en mi corazón?”.
Se puede pasar a un cuarto momento, que suele ser designado como contemplación o silencio ante Dios. El creyente descansa en Dios acallando otras voces. Es el momento de estar ante él escuchando solo su amor y su misericordia, sin ninguna otra preocupación o interés.
Por último, es necesario recordar que la verdadera lectura de la Biblia termina en la vida concreta, y que el criterio para verificar si hemos escuchado a Dios es nuestra conversión. Por eso es necesario pasar de la “Palabra escrita” a la “Palabra vivida”. San Nilo, venerable Padre del desierto, decía: “Yo interpreto la Escritura con mi vida”.
Según el relato de la escena del Tabor, los discípulos escuchan esta invitación: “Este es mi Hijo, el escogido; escuchadlo”. Una forma de hacerlo es aprender a leer los evangelios de Jesús con este método. Descubriremos un estilo de vida que puede transformar para siempre nuestra existencia.
Perdidos
Según los expertos, uno de los datos más preocupantes de la sociedad moderna es la “pérdida de referentes”. Todos lo podemos comprobar: la religión va perdiendo fuerza en las conciencias; se va diluyendo la moral tradicional; ya no se sabe a ciencia cierta quién puede poseer las claves que orienten la existencia.
Bastantes educadores no saben qué decir ni en nombre de quién hablar a sus alumnos acerca de la vida. Los padres no saben qué “herencia espiritual” dejar a sus hijos. La cultura se va transformando en modas sucesivas. Los valores del pasado interesan menos que la información de lo inmediato.
Son muchos los que no saben muy bien dónde fundamentar su vida ni a quién acudir para orientarla. No se sabe dónde encontrar los criterios que puedan regir la manera de vivir, pensar, trabajar, amar o morir. Todo queda sometido al cambio constante de las modas o los gustos del momento.
Es fácil constatar ya algunas consecuencias. Si no hay a quién acudir, cada cual ha de defenderse como pueda. Algunos viven con una “personalidad prestada”, alimentándose de la cultura de la información. Hay quienes buscan algún sucedáneo en las sectas o adentrándose en el mundo seductor de lo “virtual”. Por otra parte, son cada vez más los que viven perdidos. No tienen meta ni proyecto. Pronto se convierten en presa fácil de cualquiera que pueda satisfacer sus deseos inmediatos.
Necesitamos reaccionar. Vivir con un corazón más atento a la verdad última de la vida; detenernos para escuchar las necesidades más hondas de nuestro ser; sintonizar con nuestro verdadero yo. Es fácil que se despierte en nosotros la necesidad de escuchar un mensaje diferente. Tal vez entonces hagamos un espacio mayor a Dios.
La escena evangélica de Lucas recobra un hondo sentido en nuestros tiempos. Según el relato, los discípulos “se asustan” al quedar cubiertos por una nube. Se sienten solos y perdidos. En medio de la nube escuchan una voz que les dice: “Este es mi Hijo, el escogido. Escuchadlo”. Es difícil vivir sin escuchar una voz que ponga luz y esperanza en nuestro corazón.
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VIDA EN COMUNIDAD
Dietrich Bonhoeffer
La gratitud
Igual que sucede a nivel individual, la gratitud es esencial en la vida cristiana comunitaria. Dios concede lo mucho a quien sabe agradecer lo poco que recibe cada día. Nuestra falta de gratitud impide que Dios nos conceda los grandes dones espirituales que nos tiene reservados. Pensamos que no debemos darnos por satisfechos con la pequeña medida de sabiduría, experiencia y caridad cristianas que nos ha sido concedida. Nos lamentamos de no haber recibido la misma certidumbre y la misma riqueza de experiencia que otros cristianos, y nos parece que estas quejas son un signo de piedad. Oramos para que se nos concedan grandes cosas y nos olvidamos de agradecer las pequeñas (¿pequeñas?) que recibimos cada día. ¿Cómo va a conceder Dios lo grande a quien no sabe recibir con gratitud lo pequeño?
Todo esto es también aplicable a la vida de comunidad. Debemos dar gracias a Dios diariamente por la comunidad cristiana a la que pertenecemos. Aunque no tenga nada que ofrecernos, aunque sea pecadora y de fe vacilante, ¡qué importa! Pero si no hacemos más que quejarnos ante Dios por ser todo tan miserable, tan mezquino, tan poco conforme con lo que habíamos esperado, estamos impidiendo que Dios haga crecer nuestra comunidad, según la medida y riqueza que nos ha dado en Jesucristo. Esto concierne de un modo especial a esa actitud permanente de queja de ciertos pastores y miembros “piadosos” respecto a sus comunidades. Un pastor no debe quejarse jamás de su comunidad, ni siquiera ante Dios. No le ha sido confiada la comunidad para que se convierta en su acusador ante Dios y ante los hombres. Cualquier miembro que cometa el error de acusar a su comunidad debería preguntarse primero si no es precisamente Dios quien destruye la quimera que él se había fabricado. Si es así, que le dé gracias por esta tribulación. y si no lo es, que se guarde de acusar a la comunidad de Dios; que se acuse más bien a sí mismo por su falta de fe; que pida a Dios que le haga comprender en qué ha desobedecido o pecado y le libre de ser un escándalo para los otros miembros de la comunidad; que ruegue por ellos, además de por sí mismo, y que, además de cumplir lo que Dios le ha encomendado, le dé gracias.
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PREGUNTAS SIN RESPUESTA ANTE LA SEDE VACÍA
Mesa de análisis, balance y pendientes del papado de Benedicto XVI
 
Miércoles 27 de febrero de 2013
Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal
Bernardo Barranco, Julián Cruzalta, Ignacio Cuevas, Marisa Noriega
Panel 2, 12:00-13:30
Marilú Rojas, Alberto Athié, Jael de la Luz
Para mayor información: Gabriela Juárez Palacios, observatorioeclesial@gmail.com

sábado, 23 de febrero de 2013

Actividades

OREMOS POR LA PRIMERA REUNIÓN DE LOS JÓVENES EL DÍA DE HOY A LAS 16.30 HRS.
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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 26 de febrero, 19 hrs.
Modera: Hno. Mauricio Magallanes
 
Llamamiento: Salmo 115
Oración de ofrecimiento
Himno “Vine a alabar a Dios”
Momentos de oración
Lectura bíblica: II Reyes 2.1-15
Tema: Eliseo sucede a Elías
Himno: Salmo 113
Ofertorio
 
Bendición pastoral
 
EL CICLO DE ELISEO (II R 2-13)
Pierre Buis
 
Hay dos relatos que tratan de la sucesión de Elías: 1 Re 19,19-21 Y 2 Re 2,1-18. El primero constituye la vocación de Eliseo, el segundo el traspaso de poderes. Se trata de la conclusión lógica del ciclo de Elías, pero sobre todo del comienzo del ciclo de Eliseo. Y éste tiene un carácter muy diferente de aquél. Mientras que Elías caía como un meteorito en el texto EIiseo tiene algunos elementos válidos para una biografía. Los dos elementos extremos, su vocación (1 Re 19.19-21) Y su muerte (2 Re 13.14-21), están por otra parte bien separados de cuerpo del ciclo (2 Re 2-9).
No se dice nada del tiempo que los dos pasaron Juntos. Solo se nos dice en 2 Re 3,11 que Eliseo, “lavaba las manos de Elías”, lo cual supone todo tipo de servicios hechos por el discípulo a su maestro.
Los encontramos juntos el último día que pasó Ellas en la tierra. Parece ser que Elías quería estar solo a la hora de partir, lo mismo que cuando quería estar solo para morir en el desierto. Intenta alejar a Eliseo: “Quédate aquí, que el Señor me ha enviado a Betel” (2 Re 2,2); luego va a Guilgal, luego a Jericó. Pero Eliseo sigue obstinado a su maestro. Elías no parece dispuesto a transmitirle sus poderes. Cuando Eliseo le pide que le dé una parte de su espíritu, responde: “iEs difícil lo que pides! Si me ves cuando me lleven de tu lado, será; si no me ves, no será" (2,10). Es ésta sin duda la continuación del relato de 1 Re 19, pero debe faltar una buena parte del mismo: debería haberse contado cómo cumplió Elías la misión que se le había confiado, o al menos cómo encargó de ella a Eliseo. La figura de Eliseo invade la escena y este capítulo 2 sirve esencialmente para mostrar que es ciertamente el sucesor de Elías.
El libro de los Reyes. Estella, Verbo Divino, 1995, p. 29.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES
MARZO: EN EL CAMINO DE LA CRUZ/ LA PASIÓN SEGÚN SAN PEDRO
3 – Santa Cena/ Aniv. Iglesia Peniel
10 – Clase unida: Laboratorio de liturgia (II)/ Reunión de Consistorio
16-18 – Visita a las misiones de Guerrero
17 – 3er testimonio de evangelización/ Clase especial para adolescentes/ Preparación para Semana Santa
24 – Domingo de Palmas

El amor al prójimo en la comunidad: ¿realidad o sólo un buen deseo?, L. Cervantes-O.

24 de febrero, 2013

Toda la ley se cumple, si se cumple este solo mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Pero si andan mordiéndose y devorándose unos a otros, terminarán por destruirse mutuamente.
Gálatas 5.14-15, La Palabra (Hispanoamérica)

Todas las cartas apostólicas del Nuevo Testamento dan fe de una vida comunitaria activa y, en ocasiones, conflictiva. En el caso de la dirigida a los habitantes de la Galacia (fechada, aproximadamente, entre los años 50 y 56), región cercana a Tarso, primera en Asia Menor (la actual Turquía) donde San Pablo fundó iglesias (Iconio, Listra, Derbe) entre el 47 y 48, pero donde las cosas no fueron fáciles en un principio (Hch 13.1-21), aunque lograron establecer una base más o menos sólida. En el segundo viaje (año 49), volvió a Galacia y conoció en Listra a Timoteo (Hch 16.1-5); el texto subraya: “Con el paso de los días, las iglesias se fortalecían en la fe y aumentaban en número”. De allí partiría hacia Filipos, en Macedonia, norte de Grecia. En el tercer viaje, Pablo pasó de nuevo por allí, “confortando en la fe a todos los discípulos” (Hch18.23). Este es el origen de la relación del apóstol con estas iglesias, a las que les dirige una de sus cartas más apasionadas (redactada quizá en Corinto durante su estancia de dos años, 50-52), pues surge del conflicto: “Algunos han ido a Galacia y predicado la necesidad de la circuncisión; por tanto, de ser ‘plenamente’ judíos”.[1] Pablo los refuta y exhorta a los gálatas a resistir esos embates en nombre de la libertad que Cristo les ha otorgado, pues “volver a la etapa anterior no sólo sería hacer inútil la cruz de Cristo, sino también nos vuelve esclavos. Somos libres de un amo pero no para ser vendidos a otro, sino para no tener amos; para dejar que obre el espíritu” (Idem).
La libertad cristiana es el gran tema de la carta pero también destaca, especialmente en el cap. 5 el de la fraternidad-sororidad como alternativa a los egoísmos establecidos como norma en la sociedad de su tiempo y en la actual, basadas en versiones más o menos similares de la consigna popular “sálvese quien pueda”, y no en la existencia comunitaria libre, solidaria y participativa. Esa convicción actualizaba el recuerdo vivo del designio divino para el antiguo Israel, que ahora se hacía presente en el legado espiritual de Jesús:

…la revolución más honda que trae Jesús de Nazaret es llevar a su máxima expresión la fraternidad que Israel propone vivir en el interno del pueblo de Dios. Ya el decálogo proponía una sociedad alternativa ante la violencia política, social, económica. E Israel aparece, probablemente desde la alianza de Siquem, como una sociedad alternativa a la que muchos eligen adherir. Y esa novedad viene dada por el saberse “hermanos”. Muchas cosas que pueden hacerse con los de “fuera”, los “lejanos”, están expresamente vedadas con los “hermanos”: prestar a usura, esclavizar, quedarse con las tierras o las propiedades. Actuar con los otros del propio pueblo como verdaderos hermanos, pretender “encarnar” el “sueño” de Dios de una sociedad en la que el “derecho y la justicia” sean visibles. Que se muestre a todos los pueblos que otro mundo es posible. Es verdad que Israel muchas veces no vivió conforme a eso, y los profetas son la prueba más evidente de ello. Pero es para eso que es elegido, es eso lo que debe mostrar a los demás pueblos. (Idem)

La iglesia vendría a cumplir el remoto sueño mosaico de una “comunidad alternativa”, es decir, una auténtica familia espiritual, pues se basa en llamar Abbá a Dios, reconociéndolo como Padre común, lo que instala la igualdad humana como una realidad originaria que transforma el resto las relaciones, superando las barreras de todo tipo (raciales, culturales, sociales) y proyecta la existencia comunitaria hacia el propósito de instaurar el Reino de Dios en el mundo. La nueva comunidad es confrontada por el gran mandamiento antiguo que resume toda la ley y que, cumpliéndolo, permite afirmar que se ha cumplido toda ella: amar al prójimo como a uno mismo. Ése es el ideal, pero Pablo estaba enterado de que nuevas rencillas ponían en entredicho la libertad misma que habían ganado en Cristo (5.13), la cual no puede encubrir la obligación humana y ética del amor hacia los demás. Las “desordenadas apetencias humanas [carnales]” (sarkí) pueden encubrir, obstaculizar, la existencia cristiana comunitaria; al contrario, el amor (ágapes) es la nueva consigna de vida, capaz de hacer que los integrantes de la comunidad se sirvan unos a otros como esclavos o siervos (douleúte). Ése es el grado de fraternidad-sororidad que se espera de las iglesias.
En el v. 15, la enunciación del mandamiento antiguo es seguida por una constatación que no le agrada al apóstol: los gálatas ya se estaban “mordiendo” (dáknete) y “devorando” (katesthíete), lo que sin duda los llevaría a la “destrucción” (analothête). Morderse y devorarse son expresiones gráficas de hasta dónde pueden llegar las disensiones en el cuerpo visible de Cristo en el mundo y no marcan ninguna diferencia con el resto de la humanidad. Por eso Pablo asume que son actitudes carnales, contrarias al Espíritu (vv. 16-17a), y que deben ser desarraigadas de la vida comunitaria. La destrucción posible es la disolución de la comunidad, esto es, ir en sentido contrario a la voluntad de Dios, por lo que el esfuerzo para mantener la hermandad y la filiación cristiana enfrenta permanentemente el reto de la disolución y el caos, puesto que la vida comunitaria, y no necesariamente la organización, la doctrina o la autoridad, establece un nuevo orden en la vida de sus miembros. Pablo mismo lo demuestra al referirse al apóstol Pedro y cuestionar sus acciones en el marco de la colegialidad del momento. La lucha histórica entre el Espíritu y la carne es sumamente intensa y constante: “El antagonismo es tan irreductible, que les impide hacer lo que ustedes desearían.” (v. 17b).
La realidad del amor fraterno debe ir más allá de esos extremos realistas y hasta cínicos que periódicamente nos embargan (“¡Todos en la Iglesia son necesarios, pero nadie es indispensable!”) y de la ingenuidad que supone que es posible mantener únicamente apariencias en nombre de una a veces falsa unidad. Ni lo uno ni lo otro es voluntad de Dios. Como escribió Bonhoeffer:

Es precisamente en este aspecto donde la fraternidad cristiana se ve amenazada -casi siempre y ya desde sus comienzos- por el más grave de los peligros: la intoxicación interna provocada por la confusión entre fraternidad cristiana y un sueño de comunidad piadosa; por la mezcla de una nostalgia comunitaria, propia de todo hombre religioso, y la realidad espiritual de la hermandad cristiana. […]
Debemos persuadirnos de que nuestros sueños de comunidad humana, introducidos en la comunidad, son un auténtico peligro y deben ser destruidos so pena de muerte para la comunidad. Quien prefiere el propio sueño a la realidad se convierte en un destructor de la comunidad, por más honestas, serias y sinceras que sean sus intenciones personales.
Dios aborrece los ensueños piadosos porque nos hacen duros y pretenciosos. Nos hacen exigir lo imposible a Dios, a los demás y a nosotros mismos. Nos erigen en jueces de los hermanos y de Dios mismo. Nuestra presencia es para los demás un reproche vivo y constante. Nos conducimos como si nos correspondiera a nosotros crear una sociedad cristiana que antes no existía, adaptada a la imagen ideal que cada uno tiene. Y cuando las cosas no salen como a nosotros nos gustaría, hablamos de falta de colaboración, convencidos de que la comunidad se hunde cuando vemos que nuestro sueño se derrumba. De este modo, comenzamos por acusar a los hermanos, después a Dios y, finalmente, desesperados, dirigimos nuestra amargura contra nosotros mismos.[2]




[1] Eduardo de la Serna, “Gálatas: la novedad de estar ‘en Cristo’”, en RIBLA, núm. 62, http://claiweb.org/ribla/ribla62/eduardo.html.
[2] D. Bonhoeffer, Vida en comunidad. 3ª ed. Salamanca, Sígueme, 1985, pp. 16-17, 17-18.

Gálatas 5.13-26

La Palabra (Hispanoamérica)

13 Hermanos, han sido llamados a disfrutar de libertad. ¡No utilicen esa libertad como tapadera de apetencias puramente humanas! Al contrario, háganse esclavos los unos de los otros por amor. 14 Toda la ley se cumple, si se cumple este solo mandamiento: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 15 Pero si andan mordiéndose y devorándose unos a otros, terminarán por destruirse mutuamente.

16 Los exhorto, pues, a que vivan de acuerdo con las exigencias del Espíritu y así no se dejarán arrastrar por desordenadas apetencias humanas. 17 Porque las desordenadas apetencias humanas están en contra del Espíritu, y el Espíritu está en contra de tales apetencias. El antagonismo es tan irreductible, que les impide hacer lo que ustedes desearían. 18 Pero si los guía el Espíritu, ya no están bajo el dominio de la ley.

19 Sabido es cómo se comportan los que viven sometidos a sus apetitos desordenados: son adúlteros, lujuriosos, libertinos, 20 idólatras, supersticiosos; alimentan odios, promueven contiendas, se enzarzan en rivalidades, rebosan rencor; son egoístas, partidistas, sectarios, 21 envidiosos, borrachos, amigos de orgías, y otras cosas por el estilo. Ya se lo advertí a ustedes en su día y ahora vuelvo a hacerlo: esos tales no heredarán el reino de Dios.

22 En cambio, el Espíritu produce amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, lealtad, 23 humildad y dominio de sí mismo. Ninguna ley existe en contra de todas estas cosas. 24 Y no en vano los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado lo que en ellos hay de apetitos desordenados, junto con sus pasiones y malos deseos. 25 Si, pues, vivimos animados por el Espíritu, actuemos conforme al Espíritu. 26 No busquemos vanaglorias, enzarzándonos en rivalidades y envidiándonos unos a otros.

sábado, 16 de febrero de 2013

Letra 309, 17 de febrero de 2013


LA RENUNCIA-ABDICACIÓN DE RATZINGER
ALC Noticias, 14 de febrero de 2013

Por más que se quiera hacer creer en los círculos vaticanos oficiales que la renuncia del teólogo Joseph Ratzinger al obispado de Roma unos cuantos días antes del inicio de la Cuaresma es un asunto normal y que estaba previsto en la normatividad de esa ciudad-Estado, la primera impresión que queda es la de que se trata de una decisión inevitable ante el cúmulo de situaciones incómodas que experimentaba el todavía jerarca máximo de la Iglesia Católico-Romana. Desde América Latina y, particularmente en México, supuesta reserva de la fe esta orientación a nivel mundial (42% de la feligresía católica total, aunque en Centroamérica y Brasil la disminución de fieles es alarmante, y en México avanza poco a poco, 4 por ciento menos en 10 años), se percibe que la supuesta “valentía” (como se expresó ya el cardenal Norberto Rivera, arzobispo primado del país azteca) de la determinación de Ratzinger esconde más bien otras motivaciones ligadas a los recientes escándalos y, sobre todo, a la casi inmanejable crisis ocasionada por los casos de pederastia en diversos países y, particularmente, la impunidad con que la Iglesia manejó el asunto del sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de la orden de los Legionarios de Cristo.
Las palabras de Rivera son curiosas y hasta cándidas: “Estoy seguro [de] que fue una decisión largamente reflexionada y puesta en la presencia de Dios. Desde luego que hay desconcierto y tristeza por esta noticia, pero también hay esperanza, pues no debemos olvidar que la Iglesia está en manos de Dios hasta el fin del mundo”. A la pregunta sobre qué caracterizó este pontificado, respondió: “El Papa nos ha hecho retomar con firmeza la fe y las verdades en las que siempre ha creído la Iglesia, frente a un mundo que lo relativiza todo”. Es justamente esta lucha contra el “relativismo” lo que muchos le han reprochado, al pertrechar a la Iglesia en una especie de fortaleza medieval.
A la inicial perplejidad por el anuncio que tomó desprevenidos incluso a altos funcionarios vaticanos como Federico Lombardi, vocero oficial, nada menos, le ha seguido paulatinamente un aluvión de análisis y opiniones que no terminará ni siquiera el 28 de febrero próximo cuando comience el cónclave para elegir al sucesor de Ratzinger pues se trata de una situación que no se vivía desde las épocas medievales. Obviamente, existen otras visiones, como las de Juan José Tamayo, Ernesto Cardenal y Leonardo Boff, quienes se han pronunciado inmediatamente: el primero, teólogo sancionado en años anteriores, se expresó con dureza: “Este Papa ha sido el gran Inquisidor de la fe cristiana, no ha sido abierto y tolerante, como un teólogo de formación debería haber sido. […] El Papa no ha sabido dar respuesta a los más de 1 200 millones de católicos que hay en el planeta y que buscaban respuesta a cuestiones como la libertad de expresión y cátedra y ha limitado el pensamiento crítico de la iglesia”.
Cardenal, también disciplinado por el Vaticano, sin ofrecer más explicaciones manifestó su alegría por la renuncia. Boff, otra víctima de Ratzinger, señaló: “Esperamos que otro Papa cree una atmósfera más abierta, que los cristianos puedan dialogar con la cultura moderna sin tantas sospechas y críticas. […] …carga un fardo negativo muy grande en la historia de la teología cristiana. Entrará en la historia como un Papa enemigo de la inteligencia de los pobres y de sus aliados”. En la misma nota se consigna que “la comunidad jesuita de El Salvador, adscrita desde hace décadas a la teología de la liberación, elogió la renuncia del Papa como un ‘acto de responsabilidad’, aunque le reprochó el no haber impulsado durante su pontificado la beatificación del arzobispo salvadoreño Óscar Romero, emblemático defensor de los pobres y oprimidos”.
Se dirá que una visión protestante no puede más que ser dura, escéptica y razonablemente crítica, pero también hay que recordar los señalamientos, que ahora se recuerdan, en el sentido de que la institución católica requiere, más que un profesor-teólogo como Ratzinger, alguien con la personalidad y el arrastre de Karol Wojtyla, con tendencias más pastorales, pero irremediablemente mediáticas, sobre todo ante el gran declive que se aprecia en vastas zonas de esa confesión cristiana. Varios analistas, como Bernardo Barranco, observaron en diversos medios que la presencia de dos papas no manda una buena señal al catolicismo mundial, pues deja la sensación de debilidad, aunque forme parte de una estrategia para influir en la marcha de la Iglesia en los próximos años: “No hay sorpresa absoluta en el anuncio de su renuncia. El Papa ya lo había advertido en la entrevista Luz del mundo al periodista Peter Seewald, en 2010. […] Ahora Benedicto XVI, con su renuncia súbita, abre para un proceso inesperado un periodo de discernimiento sobre los grandes proyectos para una Iglesia sacudida y vulnerable. Oportunidad para que se asuman las grandes directrices del Concilio Vaticano II, en la letra como en el espíritu, de apertura a los nuevos desafíos. Hay una oportunidad de un nuevo aggiornamento, a condición de que los cardenales sean más sensibles y humildes ante los requerimientos de lograr una nueva síntesis cultural del catolicismo con las exigencias de las sociedades contemporáneas. ¿Habrá este salto? Lo dudamos”.
Otros, mediante malabarismos verbales, han hablado incluso de humildad ante semejante decisión, pero, con todo, la atmósfera de incertidumbre es intensa y difícilmente controlable para la feligresía. Los más osados y pertrechados en las posturas tradicionales, para acallar las siempre recordadas profecías de San Malaquías o las que hablan de “el papa negro” con sabor apocalíptico, han llegado a decir que no existe ninguna crisis al interior del Vaticano y que, definitivamente, como dijo el franciscano Fergus Clarke, custodio titular del Santo Sepulcro: “¿Crisis? ¿Qué crisis? Hay unos procedimientos establecidos. Y quien nos guía es el Espíritu Santo. Dios ya sabe quién será el próximo Papa” […] Ahora habrá un periodo de transición y Benedicto XVI será recordado como un gran pastor y un excelente teólogo”. Eso se llama cerrar los ojos a la realidad…
Sea como fuere, y tal como lo indican comentarios más fuertes, como los de Miguel Mora y Juan G. Bedoya en El País, Ratzinger tuvo que ceder ante las enormes presiones que lo rodeaban. Escribe Mora: “El ortodoxo cardenal alemán de alma tridentina ha sido durante su mandato un Papa solo, intelectual, débil y arrepentido por los pecados, la suciedad y los delitos —él empleó estas dos palabras por primera vez— de la Iglesia, y rodeado de lobos ávidos de riqueza, poder e inmunidad. La Curia forjada en tiempos de Wojtyla era una reunión atrabiliaria de lo peor de cada diócesis, desde evasores fiscales hasta abogados de pederastas, pasando por contrarrevolucionarios latinoamericanos y por integristas de la peor especie. Esa Curia digna de El Padrino III siempre vio con malos ojos los intentos de Ratzinger de hacer una limpieza a fondo, mientras los movimientos más pujantes y rentables, como los Legionarios, el Opus Dei y Comunión y Liberación, torpedeaban a conciencia cualquier atisbo de regeneración”.
Bedoya, por su parte: “El todavía papa Ratzinger lleva años enfermo y débil, pero no dimite por ninguna de esas dos razones. Lo hace porque las circunstancias le hacen sentirse incapaz de cumplir con su oficio. Se va derrotado por el cargo. ‘Apacible pastor rodeado de lobos’, según expresión del periódico de la Santa Sede, L'Osservatore Romano, y, al frente de una organización ‘devastada por jabalíes’ (en sus propias palabras), su gestión es un rosario de decepciones”. Y agrega acerca de un episodio muy reciente: “El último incidente es de la semana pasada, cuando el arzobispo Vincenzo Paglia, presidente del Pontificio Consejo de la Familia, defendió la familia tradicional, reconociendo, sin embargo, derechos para las parejas de facto, homosexuales o no. Al día siguiente fue obligado a rectificar, pese a creerse que lo dicho antes contaba con la idea papal de dejar que el poder civil arregle los problemas de derechos humanos que no puede resolver la doctrina católica”. Una visión más actual, pero imposible de aceptar para los círculos vaticanos más cerrados.
El propio Ratzinger se refirió a esas situaciones en su reaparición litúrgica: “Durante la misa de miércoles de ceniza Benedicto XVI ha denunciado que ‘el rostro de la Iglesia aparece en ocasiones desfigurado por los pecados’ contra su unidad y por las divisiones en el clero. El Papa ha aprovechado la homilía sobre la cuaresma para llamar a la unidad de la Iglesia y denunciar los ‘golpes’ contra la misma. También ha emplazado a los fieles a superar ‘individualismos y rivalidades’”.
Habrá que celebrar la recuperación de un teólogo de altura, quien incluso ejerciendo el “ministerio petrino” no dejó de escribir, así fueran obras de divulgación masiva, como lo es su magnífica trilogía sobre Jesús. Y es que, ciertamente, Roma pierde un obispo cansado de las intrigas y las traiciones, pero le devuelve a la cristiandad mundial a un pensador que aún tiene mucho que aportar. Y seguramente lo hará, y la prueba de que es así es lo que ha hecho Sígueme, uno de sus editores en español: ante la coyuntura creada por su dimisión, ha renovado la publicidad de algunos de sus mejores libros (Introducción al cristianismo, El Dios de los cristianos. Meditaciones, Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo, Un canto nuevo para el Señor. La fe en Jesucristo y la liturgia hoy, La fraternidad de los cristianos, además de Ratzinger y JUan Pablo II. La Iglesia entre dos milenios, de Olegario González de Cardedal).
Finalmente, Ratzinger tampoco presenciará desde la cúpula del Vaticano las celebraciones por el próximo 500º aniversario de la Reforma de Martín Lutero (en 2017), un acontecimiento que su colaborador cercano, el cardenal suizo Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, calificó como “una anomalía”. (LC-O)

VIDA EN COMUNIDAD
Dietrich Bonhoeffer

Todo lo contrario sucede cuando estamos convencidos de que Dios mismo ha puesto el fundamento único sobre el que edificar nuestra comunidad y que, antes de cualquier iniciativa por nuestra parte, nos ha unido en un solo cuerpo por Jesucristo; pues entonces no entramos en la vida en común con exigencias, sino agradecidos de corazón y aceptando recibir. Damos gracias a Dios por lo que él ha obrado en nosotros. Le agradecemos que nos haya dado hermanos que viven, ellos también, bajo su llamada, bajo su perdón, bajo su promesa. No nos quejamos por lo que no nos da, sino que le damos gracias por lo que nos concede cada día. Nos da hermanos llamados a compartir nuestra vida pecadora bajo la bendición de su gracia. ¿No es suficiente? ¿No nos concede cada día, incluso en los más difíciles y amenazadores, esta presencia incomparable? Cuando la vida en comunidad está gravemente amenazada por el pecado y la incomprensión, el hermano, aunque pecador, sigue siendo mi hermano. Estoy con él bajo la palabra de Cristo, y su pecado puede ser para mí una nueva ocasión de dar gracias a Dios por permitirnos vivir bajo su gracia. La hora de la gran decepción por causa de los hermanos puede ser para todos nosotros una hora verdaderamente saludable, pues nos hace comprender que no podemos vivir de nuestras propias palabras y de nuestras obras, sino únicamente de la palabra y de la obra que realmente nos une a unos con otros, esto es, el perdón de nuestros pecados por Jesucristo. Por tanto, la verdadera comunidad cristiana nace cuando, dejándonos de ensueños, nos abrimos a la realidad que nos ha sido dada.

Actividades

OREMOS POR LA REUNIÓN DE LOS JÓVENES EL DOMINGO 24 (NUEVA FECHA) A LAS 16.30 HRS.
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CULTO VESPERTINO, 17.30 HRS.
Modera: A.I. Edith Martínez V.

Llamamiento, Salmo 113
Oración de ofrecimiento
Himno “Vine a alabar a Dios”
Momentos de oración
Lectura bíblica: Hechos 4.32-37
Tema: La koinonía según el N.T.
Himno “Yo voy cantando alegre”
Ofertorio
Bendición pastoral

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 19 de febrero, 19 hrs.
Modera: Hna. Alma L. Adame Hernández

Llamamiento, Salmo 124
Oración de ofrecimiento
Himno “Cada día con Cristo”
Momentos de oración
Lectura bíblica: II Reyes 1
Tema: Muerte de Ocozías
Himno “A solas al huerto yo voy”
Ofertorio
Bendición pastoral

OCOZÍAS, REY DE JUDÁ
Pierre Buis

(?-Samaria, 841 a.C.) Rey de Judá (843-841 a.C), llamado también Azarías y Joacaz, hijo y sucesor de Joram y de Atalía, hija de Omrí. Ocozías llegó al trono debido a que todos sus hermanos habían muerto a manos de filisteos y árabes. Aliado con su tío Joram, rey de Israel, luchó contra Haza el de Damasco, lugar en donde fue herido el rey israelita. Mientras Ocozías visitaba en Yizreel al herido Joram, fue sorprendido por el golpe de estado de Jehú, general de las tropas de Israel, quien además de matar a Joram de un flechazo, hirió luego mortalmente a Ocozías en Yibleam cuando quiso huir. Ocozías murió en Megiddo a consecuencia de tales heridas, y fue enterrado en Jerusalén. Únicamente había reinado un año. Al carecer de hijos, fue sucedido en el trono por su madre Atalía, que no dudó en usurpar el poder.
En 2 Re 1 comienza otro elemento del ciclo de Elías en el que aparece de nuevo como el campeón del yahvismo puro. Esta vez es el hijo de Ajab, Ocozías, a quien condena por haber querido consultar a Baal Zebub, un avatar del Baal fenicio venerado en Ecrón, en el país filisteo. Ocozías esperaba recibir de este dios un anuncio de curación; en su lugar recibe un anuncio fatal (1.16). […]
No es ya el Elías del Carmelo, que pedía a Dios que enviase un rayo sobre el holocausto; aquí parece disponer inmediatamente de él. Se le da además el título de “hombre de Dios”, atribuido habitualmente a Eliseo, título que evoca poderes milagrosos más bien que la proclamación de la palabra de Dios.

El libro de los Reyes. Estella, Verbo Divino, 1995, p. 29.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

24 – Segundo testimonio de Evangelización/ Primera reunión juvenil: 16.30 hrs.

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...